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El dropshipping consiste en vender productos de un tercero en tu nombre. Suena algo raro pero es muy sencillo. Ofreces a través de tu web una serie de artículos y otra empresa o proveedor envía a tus clientes el producto como si lo hicieras tú, en tu nombre y con tu factura e identificación fiscal. Esto supone un ahorro en cuanto a la gestión de stocks y soluciona el miedo a invertir en la compra de
productos y no darles salida.

Visto así parece un paraíso para aquellos a los que les asusta el riesgo pero como es lógico cuanto menor es tu riesgo más bajo es el beneficio. El margen comercial es muy pequeño y el que da la cara eres tú. Es decir si hay algún problema con algún producto defectuoso o con el plazo de entrega van a reclamártelo a ti y tu imagen se verá deteriorada. Tampoco tienes la posibilidad de personalizar tu producto y añadir tu toque personal.

Es importante elegir bien al dropshipper y tal vez tener varios proveedores que ofrezcan este sistema para evitar disgustos.

Otra opción muy interesante del dropshipping es buscar un socio que te ofrezca cierto grado de confianza en su forma de trabajar. Podría ser un pequeño comercio de tu localidad que no tenga tiempo o no quiera empezar a gestionar un eCommerce. Vendes sus productos a cambio de una comisión y él se beneficia de tu gestión.

Ambos os dedicáis a lo que os interesa y economizáis recursos. El estará encantado cuando le generes ventas fuera de su localidad e incluso de su país y tú te ahorras la inversión y gestión de stocks.